Pagar el arte - 1


Hay un lugar común en las declaraciones de los políticos españoles: que el arte, la cultura en general, no puede mantenerse con subvenciones. Lo dicen todos. Ibán García del Blanco, delegado nacional de cultura del PSOE; Jorge Lago y Germán Cano, de la comisión de cultura de Podemos, y por supuesto las más preclaras mentes de la derecha. Se ha transmitido a la “ciudadanía” la imagen de que la creación artística consume una ingente cantidad de recursos públicos sin ofrecer a cambio contrapartida alguna. Esto no es sólo mentira, es uno de los más tristes legados de la dictadura franquista y de cinco siglos de Inquisición y fanatismo. La desconfianza hacia la cultura, cuando no un odio abierto, está firmemente arraigada en la sociedad española.

 

Quizás haya subvenciones para productores de cine y de teatro, para editores, para casas discográficas. Desde luego las hay para las galerías de arte. Pero que alguien me diga qué subvenciones hay para los artistas visuales, para los compositores de música experimental, para los escritores… Las subvenciones en España son para los empresarios, no para los creadores. Las administraciones públicas nunca han apoyado la creación directamente, sino a los empresarios que la explotan, en el buen y en el mal sentido de la palabra.

 

Además podríamos decir, parafraseando a Ibán, que “La actividad política no se puede sostener exclusivamente vía subvención.” Porque los partidos políticos sí que reciben dinero de subvenciones. O la banca, o la industria del automóvil, o la de la moda, o la farmacéutica, o la agricultura, o las eléctricas, o la minería… No hay un solo sector de la economía española, incluidas las confesiones religiosas, que no reciba recursos públicos. Salvo la creación artística en todas sus ramas.

 

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